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La ley que premia a la empresa familiar que llega con los deberes hechos, tribuna de Rafael López-Diéguez Piñar en Expansión

La Ley 3/2026 de Apoyo a la Empresa Familiar de la Comunidad de Madrid entró en vigor el pasado 1 de julio y mejora de forma sustancial las condiciones para transmitir el negocio de padres a hijos. Es la reforma más relevante para el tejido empresarial madrileño en años, y ha pasado casi desapercibida.

En una nueva tribuna publicada en Expansión, Rafael López-Diéguez Piñar, Director General de RLD, explica por qué la ventaja que abre esa norma no es automática y la decide la estructura societaria que haya detrás.

 

La Ley 3/2026 y la empresa familiar: una letra pequeña implacable

La norma exige que la empresa cumpla, antes de la firma de la escritura de transmisión, requisitos estrictos que muchos consejos dan por sentados sin haberlos auditado nunca: actividad económica real, funciones de dirección ejercidas y retribuidas dentro del grupo, y umbrales de participación muy definidos.

«La ley premia, pero no perdona.»

El problema aparece tarde, y casi siempre en el peor momento. Como señala el autor, descubrir que la compañía lleva tres generaciones siendo familiar en la sobremesa pero no en el papel del Registro Mercantil llega ante la inspección o ante notario con la herencia ya abierta.

 

El cuello de botella es societario, no documental

Ordenar la casa antes de una transmisión no se improvisa en veinticuatro horas. Exige protocolo familiar, pactos parasociales que blinden la gobernanza frente a terceros, estatutos alineados con la realidad del negocio y planificación patrimonial pensada a años vista.

«Hablamos de arquitectura societaria pura.»

 

Los datos que explican por qué esto importa

Las empresas familiares representan el 92,4% del tejido empresarial español, generan el 70% del empleo privado y aportan cerca del 58% del VAB privado, según el Instituto de la Empresa Familiar. Y solo una de cada tres supera el paso a la segunda generación.

«No caen por razones económicas; colapsan por ausencia de estructura, sin protocolo, sin pactos, sin sucesión ordenada.»

El dato se agrava en los family offices: según el último informe global de UBS, el 86% carece de un plan de relevo formal para sus posiciones clave, aunque más de la mitad lo considera una prioridad.

 

Una ventana que no estará abierta indefinidamente

La tribuna cierra con una pregunta dirigida a socios y administradores: no si la norma es buena, que lo es, sino si sus estructuras corporativas resisten una auditoría de cinco minutos antes de cruzarla.

«Lo que no espera es la empresa que aún no ha ordenado su casa.»

 

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Sobre el autor 

Rafael López-Diéguez Piñar es Director General de RLD. Dirige el despacho desde Madrid con presencia permanente en Dubái desde 2012. Su práctica se centra en operaciones corporativas, gobierno corporativo, internacionalización empresarial y estrategia patrimonial para empresas familiares.

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